lunes, 4 de agosto de 2014

[Reseña #28] El Eternauta (I), de Héctor Germán Oesterheld

Siempre me fascinó la idea del Robinson Crusoe. Me lo regalaron siendo muy chico, debo haberlo leído más de veinte veces. El Eternauta, inicialmente, fue mi versión del Robinson. La soledad del hombre, rodeado, preso, no ya por el mar sino por la muerte. Tampoco el hombre solo de Robinson, sino el hombre con familia, con amigos. Por eso la partida de truco, por eso la pequeña familia que duerme en el chalet de Vicente López, ajena a la invasión que se viene. Ese fue el planteo. Lo demás... lo demás creció solo, como crece sola, creemos, la vida de cada día. Publicado en un semanario, El Eternauta se fue construyendo semana a semana; había, sí, una idea general, pero la realidad concreta de cada entrega la modificaba constantemente. Aparecieron así situaciones y personajes que ni soñé al principio. Como el "mano" y su muerte. O como el combate en River Plate. O como Franco, el tornero, que termina siendo más héroe que ninguno de los que iniciaron la historia. Ahora que lo pienso, se me ocurre que quizá por esta falta de héroe central, El Eternauta es una de mis historias que recuerdo con más placer. El héroe verdadero de El Eternauta es un héroe colectivo, un grupo humano. Refleja así, aunque sin intención previa, mi sentir íntimo: el único héroe válido es el héroe "en grupo", nunca el héroe individual, el héroe solo.



Antes que nada, tres aclaraciones. Uno, lo que hice pasar como sinopsis del libro es, en realidad, el prólogo que el propio autor escribió al principio de esta historieta. Dos, sí, es una historieta. Y tres, la menos importante, este libro me pidieron que lo leyera para el colegio, para Comunicación, hecho por el cual tardé en decidirme a empezarlo. Me costaba tomar el envión que necesitaba para arrancar. Sin embargo, no me arrepiento de haberme tomado el trabajo de leerlo, en vez de googlear un resumen.
Al ser una historieta, es más rápido de leer que un libro, al menos para mí. Además, nunca había leído una, por lo que fue más emocionante y diferente.

Los personajes, al principio, son unos, que con el tiempo crecen en cantidad cada vez más. De todas formas, es imposible confundirse si uno mantiene la imagen de determinado personaje. No hay que acordarse tantos nombres, relaciones y descripciones como en un libro de los que estoy acostumbrada, sino que con tan sólo mantener el dibujo en tu mente, ya te sale enseguida. Claro que hay que relacionar la ilustración con el nombre, pero no es complicado.

Me gustó mucho la historia, la idea de una invasión extraterrestre, y cómo se desarrolla todo: la llegada, el darse cuenta de que están siendo invadidos, la organización y la resistencia. Es realista, pero hasta determinado punto. Las criaturas que invaden la Tierra no existen (o prefiero creerlo así, al menos) y, sin embargo, todas las reacciones de los humanos son perfectamente reales y lógicas, porque es la naturaleza humana.
Si uno no ataca al adversario, no conocerá nunca su capacidad de pelea.
Otro punto que me pareció muy copado fue que estuviera ambientado en Buenos Aires. O sea, sí, hay un MONTÓN de libros ambientados en Buenos Aires, pero leí muy pocos (muy feo de mi parte, no incentivar la literatura argentina, oops). Por eso, cada vez que nombraban alguna calle, alguna ciudad o el estadio River Plate, por ejemplo, tenía una extraña sensación de 'Pero eso está acá, ¿cómo lo nombran en un libro? ¿Por qué?'. Problemas de lectora estadounidensiada (acabo de inventar una palabra, Y QUÉ). También me sentía como una nena de 5 años con ese sentimiento dentro mío, pero ese es otro asunto.

De todas formas, sólo leí la primer parte de tres que hay publicadas. Posiblemente las lea en el futuro, para completar la historia y averiguar el por qué o el qué pasó después de unos cuantos detalles que quedaron colgados.

A lo que quiero llegar es que este es una historieta que no me arrepiento de haber leído y mucho menos de recomendar, porque todos tendrían que saber un poco del Eternauta, sus pensamientos, ideales y aprendizajes. Aprender que hay que pelearla hasta el final con un objetivo fijo, sea la libertad o el reencuentro. En algún momento de la vida, todo eso nos va a servir para ser mejores personas.

Puntuación: 4.5/5

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